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Paco Moncayo: «El alcalde debe estar cara a cara con el Presidente, no subordinado como peón político»

El general (sp) Paco Moncayo, exalcalde de Quito, referente histórico de la política local y nacional y columnista de LA HORA, insiste en la urgencia de que la capital deje de dispersar sus fuerzas en múltiples candidaturas sin peso real y construya un proyecto “serio, visionario y viable”.

En conversación con este Diario, Moncayo hace un llamado a conformar un acuerdo ciudadano amplio, con sectores sociales, productivos y académicos, que permita enfrentar los desafíos actuales de la ciudad.

P. General, usted plantea la necesidad de que Quito se reúna para construir un proyecto serio, visionario y viable. ¿Qué debería tener ese proyecto para diferenciarse de intentos fallidos del pasado?

En las elecciones anteriores se han presentado un gran número de candidatos, igual que a nivel nacional, pero con muy baja representación. La mayoría sin idea de lo que significa gestionar un Distrito Metropolitano tan complejo. Incluso los debates se volvían imposibles: no se discutían ideas serias, sino que cada candidato aprovechaba los medios para lucirse como persona.

Con esa dispersión, el correísmo, con su 20% de fidelidad en Quito, siempre termina poniendo al alcalde. Y ese alcalde trabaja para Correa, no para la ciudad.

Por eso mi propuesta es que quienes tengan antecedentes de servicio, concejalías, experiencia real en gestión, se sienten a trabajar en un proyecto común. No queremos diez candidatos débiles, sino un equipo con un proyecto sólido para la ciudad. Quito necesita recuperar el control de la ciudad, que hoy vive en el desorden y la demagogia.

P. ¿Qué sectores deberían sentarse en esa mesa de diálogo para alcanzar un consenso?

En toda sociedad existen organizaciones importantes con peso específico. Cuando hicimos el Plan Equinoccio 21 en mi primer periodo como alcalde, participaron 500 personas con distintas representaciones.

No salió de cuatro expertos, sino de un proceso amplio. Así mismo ahora deberían estar presentes el sector productivo, el sector académico, la organización popular, las administraciones zonales… en fin, todo el tejido social del distrito. Solo así se construye un plan de consenso que responda al pueblo de Quito y no a los caudillos de Carondelet.

P. ¿Cómo imagina un mecanismo práctico para lograr este acuerdo?

Tiene que empezar con una reunión entre los aspirantes que ya expresan su voluntad de participar. Pero debe ser privada, sin exposición inmediata a la opinión pública ni a las críticas que siempre aparecen. En esa reunión se podría explorar si es posible llegar a una concertación real.

P. Usted fue alcalde durante dos periodos y conoce los desafíos de la ciudad. ¿Qué temas deberían ser prioritarios en este proyecto común?

Lo esencial es volver a tomar el control de la ciudad. Hoy vivimos un desorden total: edificaciones precarias en lugares insólitos, invasiones en las laderas, incluso en el Panecillo. La ciudad se nos ha ido de las manos.

Necesitamos un gobierno que no sea demagogo ni populista. Durante mi gestión recuperamos el Centro Histórico; luego llegó el populismo del siglo XXI y entregaron carnés de vendedores ambulantes solo para consolidar bases clientelares. Ese es el camino equivocado.

También es prioritario ordenar la movilidad. El Metro no resuelve por sí solo el problema; necesitamos un sistema integrado, sustentable, donde el peatón y el ciclista estén en el centro. Ya teníamos la caja común en el transporte y hoy no existe, por eso persisten las carreras de buses.

La seguridad también debe ser central. El mejor plan de seguridad integral de la región lo tuvo Quito, y fue reconocido en América. Hoy los alcaldes parecen olvidar que también tienen responsabilidades en este ámbito.

Eso nos convirtió en una ciudad de vanguardia, admirada en el continente. Si a mí me hicieron presidente mundial de las ciudades no fue por ser Paco Moncayo, sino porque Quito brillaba como ejemplo. A eso tenemos que volver, pero no con empleados de Correa ni con empleados de Noboa.

P. ¿Qué riesgos existen si no se alcanza ese consenso y se mantiene la lógica de candidaturas fragmentadas y dependientes del poder central?

El riesgo es seguir teniendo alcaldes que actúan como peones de intereses nacionales. Yo no digo que no deba existir coordinación entre el municipio y el Gobierno Central, claro que debe haberla. Pero el alcalde debe estar de cara a cara con el Presidente, no subordinado como peón político. Su deber es servir a los intereses de mediano y largo plazo de la ciudad, no al capital político de otros.

P. ¿Está usted dispuesto a participar activamente en este proceso de construcción de un proyecto para Quito?

Estoy dispuesto a entregar mi experiencia, lo que aprendí en el ejercicio. No soy profesor de planificación prospectiva, pero lo poco que sé lo pongo al servicio de la ciudad. Eso sí: son otros los que deben tomar la bandera. Yo puedo aportar, pero el liderazgo tiene que renovarse. Y claro, todos los quiteños tenemos el deber de apoyar el resurgimiento de Quito, siendo peones, sí, pero de los intereses de nuestra ciudad, no de intereses ajenos.

P. Usted ha mencionado la importancia de la coordinación con el Gobierno Central. ¿Cómo evitar que los conflictos políticos frenen obras estratégicas como la extensión del Metro?

Ese es el problema del populismo: las promesas sin sustento. Nosotros dejamos el plan de movilidad humana sustentable para todo el distrito, no solo para los 60 kilómetros del casco antiguo. Sin estudios iniciaron el Metro. Hoy tenemos un Metro, pero se inauguró sin plan de mantenimiento, sin aire acondicionado, y se habla de expandirlo de manera populista.

Necesitamos un plan integral: quedó hecho el primero de dos túneles, pero nunca se construyó el segundo. Y mientras tanto, la ciudad crece hacia Calderón, Tumbaco y Los Chillos. No se trata de pedir favores cada 6 de diciembre; se trata de planificación seria, pensando en lo mejor para los ciudadanos, no en lo mejor para el capital político de los gobernantes

FUENTE: La Hora Ecuador

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