POLITICATENDENCIAS

La crisis del correísmo se agudiza mientras pierde a su sexto asambleísta en dos meses

Es solo cuestión de horas para que el bloque legislativo de Revolución Ciudadana pierda a uno más de sus integrantes: el asambleísta Carlos Vargas.

En sus redes sociales, él cuestionó la remoción del director cantonal de Salitre del movimiento y ha dicho que ahora solo le toca esperar la expulsión del partido por pensar diferente.

Vargas ya pensó y actuó con distancia de su bloque cuando votó a favor de la ley de integridad pública. Él será la sexta baja de un bloque que arrancó en mayo con 67 legisladores.

Este es apenas el último episodio de la crisis que golpea al correísmo, que es de larga data. Se agudizó cuando la militancia, más por lealtad que por convencimiento, aceptó, con cuestionamientos, la candidatura de Luisa González a la Presidencia de la República.

«Creo que los números de Luisa y le he dicho a ella, le he dicho al presidente, le he dicho a varios de los compañeros, son un techo, no son un piso y eso a mí me preocupa enormemente», expresó Paola Pabón, prefecta de Pichincha. Aquel audio fue extraído del celular de Augusto Verduga, exvocal del Consejo de Participación Ciudadana.

Un segundo momento de crisis se evidenció apenas derrotados en las presidenciales. Mientras González y Correa resolvieron levantar una inconsistente teoría de fraude, las autoridades locales más destacadas del correísmo, los prefectos y alcaldes de las provincias más pobladas del país, se apuraban a felicitar a Daniel Noboa por su triunfo.

Evidenciaban así que no estaban dispuestos a continuar en obediencia absoluta a las disposiciones que llegaran desde Bélgica. Algo se había roto.

Contrariamente a lo que algunos esperaban dentro del movimiento, no hubo cambios en la dirección: Luisa González continuó al frente. Su gestión, lejos de consolidar al bloque legislativo, empezó perdiendo una legisladora y en 62 días de operación de la asamblea nacional sumó otras cinco bajas.

El problema es más profundo. Dentro del correísmo se han formado facciones. Una de ellas reclama que no hay planificación, coordinación ni diálogo desde la dirección del movimiento.

Jhajaira Urresta se fue de la Revolución Ciudadana por expresiones despectivas que, según dijo, Luisa González manifestó contra ella y ya votó con el oficialismo, como los otros legisladores que se han bajado del correísmo.

Antes, Sergio Peña dio un paso al costado reclamando que en Revolución Ciudadana no había intención de escuchar a otras voces ni de hacer una oposición inteligente.

El rol que ha asumido Ricardo Patiño ante el bloque también genera inconformidad. Asambleístas de esa bancada dicen sentirse incómodos con que pretenda imponer algún tipo de liderazgo, creyendo que sus años de militancia le dan algún tipo de ascendencia entre los legisladores que lo ven como uno más.

Se suman el costo político y ético en la sociedad por la denuncia de violación a una menor en contra de Santiago Díaz. El correísmo sí reaccionó y lo expulsó pero en este caso, como en otros, el correísmo ha sido meramente reactivo.

Mientras la crisis se profundiza, y las bajas se acumulan, la dirigencia de la Revolución Ciudadana luce paralizada. Ha apelado al viejo discurso de las traiciones, de las deslealtades, pero no parece estar leyendo el desfase que tiene con la sociedad actual.

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