Venezuela detiene a ciudadanos estadounidenses en medio crecientes tensiones con EE. UU.
En los últimos meses, el gobierno de Nicolás Maduro ha detenido al menos a cinco ciudadanos estadounidenses (incluyendo tres con doble nacionalidad), elevando nuevamente el número de prisioneros de este país tras un breve periodo de liberaciones.
Funcionarios de la administración Trump sostienen que estas detenciones se utilizan como «moneda de cambio» política, una táctica similar a la empleada por Rusia, para obtener influencia frente a la creciente presión de Washington.
Esta ola de arrestos coincide con una intensificación de la campaña militar y económica de Estados Unidos contra el gobierno venezolano. Entre las acciones recientes destacan un ataque de la CIA con drones a una instalación portuaria, el despliegue de una armada naval en el Caribe para interceptar presuntos cargamentos de droga y un bloqueo petrolero que paraliza la principal fuente de ingresos de Venezuela. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha calificado el actual estado del régimen como «intolerable».
Las circunstancias de los detenidos varían: mientras algunos enfrentan cargos por presunto narcotráfico, otros son considerados posibles detenidos injustamente. Entre los casos más destacados se encuentra James Luckey-Lange, un joven de Nueva York que desapareció tras cruzar la frontera en diciembre.
Familiares y antiguos prisioneros denuncian que las detenciones suelen carecer de debido proceso y ocurren en condiciones de abuso, enmarcadas en un contexto de represión interna tras las polémicas elecciones de 2024.
Aunque la administración Trump evita hablar abiertamente de un «cambio de régimen», mantiene su ofensiva calificando a Maduro de ilegítimo y narcotraficante.
Esta postura se ha materializado en una asfixia financiera que incluye el bloqueo de buques petroleros y sanciones directas contra el entorno íntimo del mandatario, afectando específicamente a sus sobrinos y cuñada desde diciembre pasado.

